miércoles, 25 de junio de 2014

Incendiario

Detrás del punto rojo que iluminaba la habitación en penumbra podía ver su silueta dibujada contra la pared.  Todo era oscuro en ella: sus ojos, su piel, su pasado. Salvaje, como toda ella, me miraba desafiante entre las sobras marginales de un amor herido; me invitaba, con un sutil movimiento de cadera, a atravesar a su lado del umbral de las penas y a perderme en algún otro infierno tormentoso, en un cúmulo de recuerdos que pronto sería una pila más del montón, y a olvidarnos de que alguna vez habríamos podido alcanzar el amor.  Pero, ¿qué podía saber yo?



También a mí me corrompía mi pasado, incendiando de a poco todas mis entrañas. 


A.

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