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domingo, 3 de agosto de 2014

Emilia en Marte

Emilia decidió ir esa tardecita de Agosto que la sorprendía con una mini primavera a la casa de su tía abuela Emma, quien siempre la recibía con su típico pollito con papas y a quién tenía sumamente abandonada. Si había algo que le gustaba de ese recorrido hasta su casa era recorrer el viejo barrio que en cada centímetro de baldosa gritaba juegos infantiles y aroma verano, tal como había sido su infancia de poli-ladrón en cada vereda y mancha y ring-rajes en cada puerta. Cuando salía ya decidida tomó un saco mientras las noticias anunciaban a gritos las siguientes palabras “ Hoy a las 21: 45 hs. Marte estará más cerca que nunca a la tierra y podrá verse desde todos los rincones de Buenos Aires “.
Llegó a la casa de su tía y comenzó a recorrer el ordenado living-comedor que tanta envidia le daba al verse tan blanquecino y minimalista. La tía había sido desde pequeña muy buen decoradora. El aroma del pollo comenzaba a invadir las habitaciones recordándole tantas otras gratas visitas como hacen todos los aromas inconfundibles que llevamos en el alma. De repente comenzó a ver como una luz roja entraba por la ventana del living-comedor. La luz se fue haciendo más fuerte hasta parecer un rayo laser que quisiera perforar el piso. Emilia se acercó con un poco de súbito miedo hacia la ventana del living comedor donde le pareció ver un puntito rojo sumamente grande que al ver su pupila desapareció. Esto la dejó aún más confundida. ¿Estaría acaso algo mareada por la falta de calorías? Se volvió hacia la ventana cuando vio que el puntito había sido tapado por lo que, dedujo de sus tiempos mirando series de ficción, era una nave madre. La nave vio también que ella la estaba observando o eso sintió y al unísono dejo escapar otras naves más pequeñas de una de sus salidas las naves colisionaron luego contra el puntito y pequeñas bolas de humo se vieron en el cielo. Pensó en llamar a su tía pero estaba muy absorta en la cocina y muy vieja para entenderlo. Fue a la habitación a buscar el teléfono para ver si su madre había sido testigo de los acontecimientos cuando notó que las manecillas del reloj giraban a una velocidad increíblemente rápida hacia la derecha. Comprobó que su reloj también giraba, mientras lo hacían todos los de la casa. La ventana de la habitación parpadeaba de colores anunciando un cielo despejado como el de la mañana, luego uno rojizo como el de la tarde. Hasta que todo oscureció nuevamente. Los relojes pararon.
-          ¡A comer!, grito la tía desde la cocina.
Emilia camino hacia ella des-encontrada.
-           Que pasa sobrina parece que hubieras visto un fantasma. Prende la tele querida por favor.

-“Hoy a las 21: 45 hs. Marte estará más cerca que nunca a la tierra y podrá verse desde todos los rincones de Buenos Aires “.




                                                                                                                                                                                                               Sofía.

miércoles, 16 de julio de 2014

Un tiempo malo

Volvieron los tiempos malos y lo fui a buscar, es un buen amigo pero no está en las malas y en las buenas. Él es sólo de las malas, no se lleva bien con la felicidad, ni propia ni ajena. Me recibió con un vino y como si nunca me hubiera ido. Yo era un poco otra persona pero él no; yo tengo la impresión de que a él no le pasa más el tiempo, ya le pasó toda la vida hace mucho, antes de conocerme. 
—Estoy atrapada—, le dije. Y le expliqué que si pudiera irme a un lugar del que no pudiera volver nunca, lo haría. Primero se lo dije así, realista y quejosa. Le dije que no era cosa de decir que me tomo un avión y me voy a la selva o a Japón, porque iba a poder volver cuando quisiera en menos de un día, y eso no era empezar de nuevo. Me puso cara de nada y me sirvió otra copa. Más tarde, cuando ya hablabamos de historia, de guerra mundial, de guerra bacteriológica y de invasión extraterrestre, se lo expliqué de nuevo.
 —Hubo un momento en el que cualquier viaje era de verdad. El que se iba se su pueblo, probablemente no volviera nunca. Después las cosas cambiaron, pero todavía te podías escapar, te podías ir en un barco a descubrir américa y no volver nunca más, te podías ir a internar en una selva africana, y era una decisión rotunda, no volvías. Y en algún momento podrás decir "basta, dejo todo, me voy a Marte". Y cuando Marte ya no quede lejos, y esté lleno de hoteles y balnearios y humanos pasando sus vacaciones, se descubrirá otra galaxia. El universo es infinito. Pero ahora estamos en un tiempo malo, el mundo que tenemos es chiquito y ya está globalizado, todo. Y el espacio está demasiado lejos.— Le hablé desesperada, moviéndo las manos, casi gritando, casi por llorar. El me miró con el único gesto que tiene.
—¿Vos alguna vez me preguntaste de donde vengo yo?

Tamara